Poema de JUAN LUIS GALLARDO
Criatura que nacerás en nuestro suelo argentino
desde ya le pido a Dios que vele por tu destino.
Que cuentes con un hogar que te reciba al nacer
formado por el amor de un varón y una mujer.
Por el amor conyugar, por el dulce amor fecundo
que es el ámbito mejor para ingresar a este mundo.
Le pido a Dios por tu suerte, criatura que va a llegar,
le pido por el entorno que tu cuna ha de rodear.
Que encuentres esa ternura que solo brinda una madre
y la sobria fortaleza que caracteriza a un padre.
Mezcla de índoles diversas, inherentes a los sexos,
con sus rasgos principales y sus destellos conexos.
Tu madre conformará con bondad tu corazón
y tu padre fijará los rumbos de tu razón.
De tu madre aprenderás los secretos del amor
y de tu padre las reglas del respeto y del honor,
Por ella conocerás los horrores de la guerra
mas por él vas a saber que has de defender tu tierra.
Padre y madre te darán, por su acción complementaria
para transitar tu vida tu formación necesaria.
Tu madre te llevará por primera vez al templo
y en tu padre encontrarás la docencia del ejemplo.
Bendita diversidad, armónica y concordante,
que te han querido quitar, llevándote por delante.
Que te han querido quitar sin siquiera consultarte,
criatura, que en este intento no has tenido ni arte ni parte.
Te quieren arrebatar el derecho de tener
a un hombre que sea tu padre, como madre a una mujer
Conforme está establecido en el orden natural
y conforme a lo admitido desde tiempo inmemorial
Pidamos al cielo, entonces,
pidamos por tu ventura, criatura que va a venir.
Criatura que nacerás en nuestro suelo argentino
desde ya le pido a Dios que vele por tu destino.
Homeschooling católico en Argentina Educación católica en el hogar
sábado, 14 de agosto de 2010
jueves, 12 de agosto de 2010
SOBRE LA HUIDA
En el Wanderer publicaron hace unos días sobre la posibilidad de huir ante las leyes inicuas y probables persecuciones que se preparan en Argentina:
Para ver lo que se viene entrar en http://www.notivida.org/ NOTIVIDA, Año X, Nº 728, 12 de agosto de 2010
"MEDIA SANCIÓN PARA LA MODIFICACIÓN DE LA ANTIDISCRIMINATORIA.
La cámara baja aprobó ayer por unanimidad la modificación de la ley antidiscriminatoria que incorporaría la no discriminación por “género, identidad de género o su expresión y orientación sexual". De convertirse en ley los que defienden el orden natural serían pasibles de sanciones. Con esta ley mordaza “la dictadura del relativismo” va cerrando el círculo: claudicación o persecución...."
domingo, 8 de agosto de 2010
viernes, 6 de agosto de 2010
Los reciente lances legislativos dejan al desnudo la patética descristianización de la Argentina
PREDICAR A CRISTO
Homilía de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la celebración del Día del Ex Alumno en el Seminario Arquidiocesano (4 de agosto de 2010)
"Los reciente lances legislativos, y los que vendrán -según está programado por los que se proponen afianzar la dictadura global del relativismo-, dejan al desnudo la patética descristianización de la Argentina, y sobre todo el vacío intelectual y moral de sus dirigencias. La falta de fe de tanta gente bautizada, la profundidad de su ignorancia religiosa y su indiferencia ante el misterio de la salvación, explican que esa gente no pueda percibir el orden natural de la creación y su reflejo en la conciencia; se le escapa, se le oculta la verdadera humanidad del hombre, de la que únicamente resta una caricatura en la religión secular de los derechos humanos. Es una especie de paganismo postcristiano, practicado fervorosamente por gente que se dice cristiana."
"A mí no me cuesta nada escribir las mismas cosas, y para ustedes es una seguridad (Fil. 3, 1). Así encabezaba San Pablo una ardiente exhortación a la comunidad de Filipos, a la que estaba ligado con vínculos de un singular afecto. Me apropio de estas palabras del Apóstol y las aplico a la circunstancia de una nueva celebración del Día del Ex Alumno en nuestro Seminario. Cada año nos congregamos en la fiesta del Santo Cura de Ars para dar gracias a Dios por nuestro sacerdocio y para felicitar especialmente a quienes cumplen 25, 50 o más años de ejercicio fiel del ministerio. Es lógico que nuestra gratitud y nuestro gozo se apoyen en la contemplación de lo que somos, en la común afirmación de nuestro ser sacerdotal, sobre todo recordando la figura ejemplar de San Juan María Vianney. A mí no me cuesta nada decir, todos los años, aproximadamente las mismas cosas, que se refieren siempre a nuestra identidad; no es enojoso volver sobre ellas y ese retorno frecuente del espíritu a lo esencial confirma nuestra certeza, nos inspira confianza, nos asegura para no vacilar. San Pablo, en su carta, estaba invitando a los filipenses a alegrarse en el Señor. Nosotros, al hacer memoria de nuestra condición, del sacerdocio de Cristo hecho carne en nuestra realidad personal, no podemos sino dejarnos invadir por la serena alegría que viene del Señor.
Como sabemos, se trata de una realidad del orden de la fe. Benedicto XVI lo ha recordado repetidamente durante el Año Sacerdotal, período en el cual ha brindado un continuo apoyo a los sacerdotes, que son presencias preciosas en la vida de los hombres. Todo pastor –ha dicho– es el medio a través del cual Cristo mismo ama a los hombres: mediante nuestro ministerio, a través de nosotros, el Señor llega a las almas, las instruye, las custodia, las guía. Esta situación en la que hemos sido colocados, para la cual hemos sido llamados y consagrados, conlleva la exigencia de permanecer anclados, enraizados en el orden de la fe, fuera del cual no podemos siquiera comprender cabalmente lo que somos. Más aún, sólo viviendo en la fe y de la fe nuestra acción, el cumplimiento de nuestras funciones, del munus que nos ha sido encomendado, será veraz y eficazmente sacerdotal. Somos y debemos ser hombres de fe, los hombres de la fe, y en cuanto tales destinados a vivir en una vecindad creciente con el misterio de Dios, que es un fuego devorador (Hebr. 12, 29). Ese centro incandescente constituye el alma de nuestro ministerio; de allí surge la inspiración que hace de la palabra sacerdotal la actualización de la Palabra divina y el fervor por el cual en la Eucaristía cotidiana nos inmolamos con Cristo; es ésa la fuente de la caridad pastoral en la que puede reflejarse la misericordiosa ternura de nuestro Dios (Lc. 1, 78). El centro incandescente se verifica en la comunión con Jesús. Como ha dicho recientemente el Papa, se trata de un “permanecer con él” que debe acompañar siempre el ejercicio del ministerio sacerdotal; debe ser su parte central, también y sobre todo en los momentos difíciles, cuando parece que las “cosas que hay que hacer” deben tener la prioridad. Donde estemos, en cualquier cosa que hagamos, debemos “permanecer siempre con él”. El activismo es un equívoco clerical bastante frecuente, y también a menudo infructuoso, tan dañino para la obra de la evangelización como podría serlo la falta de contracción al trabajo, la inacción y una pérdida de tiempo –llamémosla así– que no se consume precisamente en la oración contemplativa sino en ocupaciones privadas, pequeños gustos o manías personales. El término medio virtuoso supera ambos extremos por elevación, es la cima de una existencia unificada por la fe viva. Es un desliz común hoy día preocuparse por las consecuencias sociales, culturales y políticas de la fe, sin interrogarse sobre la verdad y la credibilidad de la misma fe, que se da ligeramente por supuesta. Los hombres de la fe estamos en la tierra para predicar la fe, cuyo centro es la muerte y resurrección de Cristo, para esclarecer sus fundamentos y hacer descubrir su armoniosa belleza; nuestra misión, que es una misión profética, consiste en propagar la alegría de la fe.
En el Evangelio que hemos escuchado (Mt. 9, 35 – 10, 1) se manifiesta la compasión del Redentor que enseña y sana, que orienta a las muchedumbres desconcertadas que no tienen norte ni guía. En la primera lectura (Ez. 3, 16-21) se ubica al profeta en la arriesgada posición del centinela; su función es advertir: al justo, para que no tropiece y se aparte del bien, al malvado para que se convierta de su conducta descarriada. Dos acentos complementarios que ilustran la figura del pastor: el pasaje del Antiguo Testamento destaca la delicada responsabilidad de quien debe aconsejar, prevenir, amonestar, avisar de parte de Dios; en la Nueva Alianza brilla más bien la bondadosa inclinación del Corazón de Cristo. La liturgia de este día sugiere referir ambos textos al Santo Cura de Ars y a su sensibilidad pastoral en la que, no sin un trabajoso progreso, se articularon de manera excelente la seriedad y la misericordia.
Pero me gustaría recomendar ahora otro modelo del arte pastoral que es la famosa Regla de San Gregorio Magno. La tercera parte de esta obra, que ocupa dos tercios del total, describe el ministerio del pastor como un ejercicio de la exhortación. Sorprende gratamente al lector actual la sutil penetración psicológica que se aplica a la caracterización de treinta y seis figuras distintas, que constituyen setenta y dos casos pastorales, ya que cada modelo de discurso es binario, pues enfoca dos tipos humanos opuestos entre sí. Se consigna una larga serie de situaciones espirituales, cada una de las cuales requiere una forma propia de amonestación. El principio que asienta Gregorio implica consideración y respeto por la dignidad de la persona, discreción de juicio y magnanimidad: cualquier maestro –dice– a fin de edificar a todos en una misma virtud de caridad, debe tocar los corazones de los oyentes con la misma doctrina, pero no con la misma y única exhortación. Según este criterio, es distinta la exhortación que se ha de dirigir a pobres y a ricos, a tristes y a alegres, a sabios y a incultos, a los fieles seglares y al clero, a los humildes y a los orgullosos, y así continúa distinguiendo según la condición natural o sociológica, el carácter, las relaciones con el prójimo, las vocaciones específicas, las diversidades pasionales, de virtud o de salud espiritual. Llama la atención la actualidad de un planteo pastoral que tiene más de mil cuatrocientos años; su valor perenne reside en la concepción teológica que la sustenta: la Regla gregoriana se refiere a la figura modélica de Cristo, el Buen Pastor y fue recibida como un código de santidad sacerdotal que representaba para el clero secular lo que era para los monjes la Regla de San Benito. También nosotros podemos aprender de ella.
He citado este monumento de la patrística pensando en las dificultades que debe afrontar hoy la predicación cristiana. Más aún, porque me parece que es preciso subrayar actualmente la necesidad de la predicación y de una predicación integral del misterio de la fe, no sólo en orden a la salvación eterna, sino también para rescatar la auténtica humanidad del hombre. Según la tradición católica el hombre no puede observar de forma permanente todos los preceptos de la ley natural sin la ayuda de la gracia; es decir que el contacto redentor con Jesucristo constituye el único medio posible para la plena realización de la existencia humana. Desde los orígenes, la predicación cristiana anunció el mensaje de Cristo como respuesta a las esperanzas de los hombres; ponía así de relieve el valor humano de la gracia, que el Señor ofrece como liberación del pecado y del consiguiente menoscabo de aquella plenitud a la que estamos llamados según el plan de Dios. El mismo razonamiento puede aplicarse a las posibilidades cognoscitivas del hombre. El entendimiento humano posee la capacidad de conocer cada una de las verdades religiosas y morales necesarias para vivir según las exigencias de su naturaleza, pero no puede conocer todas esas verdades sin la ayuda de la gracia. Necesita que la revelación le muestre la economía sobrenatural por la que Dios ha decidido conducir al hombre a su fin; tampoco puede, dadas las condiciones actuales, descubrir sin la luz de la fe el auténtico ideal moral de su vida. El influjo que la afectividad, desordenada por el pecado, ejerce sobre el entendimiento ofusca la capacidad natural de la razón; sin la fe, sin la gracia de la redención, el hombre no alcanza su plena humanidad. Podemos aplicar a esta situación histórica lo que Ignacio de Antioquia decía de sí atisbando, a través de su próximo martirio, la meta de la eternidad: cuando haya llegado allá, seré hombre. Cuando llega a Cristo, cuando entra en contacto con su verdad y su gracia, el hombre es verdaderamente ánthropos. Análogo sentido tiene la conocida afirmación de la constitución Gaudium et spes: en realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado… Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación (GS 22).
Es preciso, pues, anunciar siempre e incansablemente a Cristo, la integridad de la fe católica y su proyección axiológica en la cultura humana como expresión del carácter sanante del don de la gracia. Hace poco señalaba Benedicto XVI: la fe corre el riesgo de extinguirse como una llama que no encuentra más alimento. El alimento de la fe se encuentra en una buena teología, que sea genuina inteligencia del misterio y no cuestionamiento problematicista o disección de los datos bíblicos e históricos; en un sustancioso catecismo dispensado a los fieles, niños, jóvenes y adultos, según corresponda, no en un centón de vaguedades sentimentales o de consignas sociológicas; en una recia espiritualidad que conduzca a la contemplación y no en pseudomística quietista o en prospecciones psicologistas de autoayuda. Algo más hace falta, descuidado desde hace décadas: una nueva apologética, para poner de manifiesto la credibilidad de la fe a través de una rigurosa investigación, que asuma los datos seguros de las ciencias de la naturaleza y del hombre y se apoye en una sana metafísica.
Los reciente lances legislativos, y los que vendrán -según está programado por los que se proponen afianzar la dictadura global del relativismo-, dejan al desnudo la patética descristianización de la Argentina, y sobre todo el vacío intelectual y moral de sus dirigencias. La falta de fe de tanta gente bautizada, la profundidad de su ignorancia religiosa y su indiferencia ante el misterio de la salvación, explican que esa gente no pueda percibir el orden natural de la creación y su reflejo en la conciencia; se le escapa, se le oculta la verdadera humanidad del hombre, de la que únicamente resta una caricatura en la religión secular de los derechos humanos. Es una especie de paganismo postcristiano, practicado fervorosamente por gente que se dice cristiana.
La laboriosa tarea de remontar este escollo es una misión específicamente sacerdotal, confiada a la ciencia, el amor y la palabra del sacerdote. El sacerdote le debe la verdad y la gracia de Cristo al diputado y al cartonero, al funcionario corrupto y al hombre y la mujer honrados que trabajan y sufren con paciencia y esperanza; a los niños y adolescentes de nuestros colegios y de los estatales; a los nuevos ricos y a los presidiarios; al argentino medio y común que carga con defectos y virtudes ancestrales de nuestro pueblo; a una lista de binarios que puede emular a la de San Gregorio. Se las debe, en primerísimo lugar, a los fieles de su propia parroquia, capilla o capellanía, a los más cercanos y a los reacios; a la buena gente que queda en nuestros barrios y que aunque no se dé plena cuenta de ello espera su plenitud en Cristo.
No es trabajo menor. Requiere empeñar estudio, oración, penitencia, un gran amor comprensivo y paciente, y quizá el testimonio de un martirio moral: la incomprensión, la indiferencia, el repudio y la marginación. Pero a todo eso nos comprometimos y nos expusimos de antemano cuando abrazamos la gloria y la cruz del sacerdocio, y si somos fieles –lo sabemos muy bien- no seremos defraudados en nuestra esperanza."
martes, 27 de julio de 2010
ESTO SIGUE CUANDO SE LEGALIZA EL GAYMONIO
SE VIENE LA PROMOCIÓN DEL GAYMONIO EN EL COLE
http://www.youtube.com/watch?v=LAEXz8opH8w
¿Qué les espera a nuestros chicos?
Ya obtuvieron la ley de educación sexual, ya se reformó la ley de educación haciendo obligatoria esa misma "educación sexual", ya está el gaymonio....
Ahora se dedicarán a enseñarlo en los colegios desde el jardín en adelante.
http://www.youtube.com/watch?v=LAEXz8opH8w
¿Qué les espera a nuestros chicos?
Ya obtuvieron la ley de educación sexual, ya se reformó la ley de educación haciendo obligatoria esa misma "educación sexual", ya está el gaymonio....
Ahora se dedicarán a enseñarlo en los colegios desde el jardín en adelante.
jueves, 8 de julio de 2010
¿Qué les parece? una madre de 86 años que habló ante los senadores en Salta
EXPOSICIÓN DE CHIRICHI MARCONE EN LA AUDIENCIA PÚBLICA, NO SE PODÍA APLAUDIR, PERO FUE OVACIONADA Y LA PRESIDENTA DE LA AUDIENCIA LO PERMITIÓ!!!!! !!!!!!!!
Primero ¡gracias por permitirme hablar! Estaba deseando expresarme. Me presento: soy Elena D'Angelo de Marcone, una mujer argentina de clase media. Casada a los 25 años, llegamos a cumplir las Bodas de Plata, luego murió mi marido, ahora tengo 86 años. Tuvimos nueve hijos, a los que ahora se han agregado (saquen la cuenta) 6 yernos, 2 nueras, 58 nietos, 10 nietos políticos y 15 bisnietos: 100 personas! descendiendo de un varón y una mujer. Creo que esta realidad me habilita para hablar hoy aquí en nombre de la gran familia argentina.
No vengo a vilipendiar, como personas individuales, a mis hermanos homosexuales, pero, ¡eso sí!, a defender, con uñas y dientes, a la familia. Por eso ustedes, señores senadores, hoy considérenme. ..¡una leona parida que sale a defender su cría! ¿A mis "cachorros" les quieren enseñar ustedes que NO somos, o varón o mujer, y que no hay otra? ¿Nos van a obligar a que: a nuestros hijos se les enseñe en las escuelas que SE PUEDE ELEGIR EL "GENERO" (o sexo) QUE UNO QUIERE TENER? Tremenda mentira biológica y psicológica! ¿Ignoran que: operaciones, implantes, hormonas, afeites, etc., no logran jamás borrar de los cromosomas el sello genético: "x y" para ellos, y "x x" para ellas? ¿Y que las características psicológicas correspondientes los acompañarán hasta la muerte? ¿Ustedes estudian la posibilidad de DAR FUERZA DE LEY a las uniones entre personas del mismo sexo, que es como usar un par de zapatos, los dos para el pié izquierdo, o los dos para el pie derecho? ¿En eso gastan su tiempo? ¿Esos problemas de esas minorías van a condicionar y cambiar las sanas costumbres de la familia argentina?
¿Es posible que podamos IR A LA CARCEL por negarnos a renunciar a nuetros más caros valores morales? ¿O es que las leyes se han convertido en un poder tan inmenso y absoluto que hacen cada día más inútil el uso del libre albedrío? Ustedes, varones y mujeres, Senadores de la Nación ¿se van a hacer responsables de tamaña felonía?
Aunque en la Camara de Diputados esta ley ya ha sido aprobada, ustedes pueden todavía reflexionar y cambiar la historia.
Pero, sea como fuere, sepan una cosa: la familia argentina vive, late, late en el vientre de cada madre generosa y sacrificada, y en el corazón de cada varón macho y corajudo para pelearle a la vida y traer hijos al mundo, o mejor, a la Patria. Esta Patria nuestra, NECESITADA DE GENTE y no de niños abortados, ni de drogas y adminiculos para frenar los nacimientos, y, menos, de estas parejas estériles, que configuran la cultura de la muerte!
Señores: ustedes están hoy en Salta, tierra de gauchos intrépidos y viriles, y de mujeres femeninas y fértiles compañeras para toda la vida; aquí a cada gaucho le corresponde una china! Se van a ir de aqui con un NO!! grande como una casa!
jueves, 1 de julio de 2010
"...HACEN ALGO DE MENOS"
Excelencia educativa (fragmento)
por J. M. Gambra
Enviado por Luciana Yapur
Enviado por Luciana Yapur
""¿Hijo, qué quieres ser de mayor? Pues... hijo, papá". Así ironizaba sobre su vástago un camarero entrado en años que hablaba, hace unos días, con su compañero mientras servía la barra. "Ahora --prosiguió-- 'me se' va con la novia diez días a Mallorca. ¡Cómo viven estos chicos!"
Estos chicos, sin privarse de ningún placer adulto, prolongan indefinidamente la dependencia de sus padres y se gastan lo que ganan en coches, ordenadores, cadenas de música y diversiones. Estos chicos siguen con juegos de niños hasta los dieciocho años y, hasta los treinta, se pasan buena parte del día entretenidos con Internet y con la televisión. A los treinta y cinco, siguiendo el modelo de la serie Friends, tienen todavía pandillas. ... Y a los cuarenta, empiezan a plantearse el futuro, ante el probable óbito de sus progenitores: se compran un piso de una sola habitación, y todo lo demás sigue igual.
Estos chicos --y no tan chicos-- se divierten, y mucho, cosa que no tiene nada de nuevo. Lo nuevo es que, cuando pierden su tiempo en juergas y pasatiempos, no hacen, como en otro tiempo, algo de más, sino algo de menos. Se juntan, se aman, ven películas, oyen música, se emborrachan o fuman hachís como con desgana y aburrimiento. No lo hacen porque les desborde la fuerza vital de sus pasiones, sino porque les falta fuerza para pensar. Estos chicos ni siquiera son transgresores de normas y costumbres, porque la única norma que conocen es que no hay normas, lo único que creen es que nada es digno de crédito, de lo único que están convencidos es de que nada es verdad. Es decir, estos chicos son escépticos, pero no por exceso de crítica, sino por ausencia de pensamiento. En argot: son pasotas.
Estamos hechos para pensar, esto es, para conocer la realidad, que nos asalta con preguntas y evidencias intranquilizadoras. Pero pensar es doloroso, los datos son molestos y la realidad verdaderamente latosa. Por eso, hace falta mucho instrumento de diversión, mucha conexión con amigos por Internet, mucha repetición de máximas televisivas y, cuando esto no basta, mucho alcohol o suficiente droga para no pensar. Es necesario todo eso en grandes dosis para responder, siempre que se presenta un problema moral, político y religioso: "eso depende", "cada uno ve las cosas a su manera" o "yo paso de esos malos rollos, tío".
Estos chicos ¿de dónde han salido? De nuestro sistema de educación estatal. Lentamente, a base de sucesivos empujones y codazos el Estado Español, ese gran culpable, ha ido arrinconando la educación religiosa y familiar hasta monopolizar, más, mucho más que en otros países, la educación. […] la maquinaria estatal no ha hecho más que engullir todo el control de la enseñanza. Controla la edad de ingresar obligatoriamente en la educación, su duración y contenidos; controla que los listos no destaquen (por eso no pueden aprender a leer antes de los cinco años) y que los otros no se retrasen y, por ello, se les pasa de curso, hayan aprobado o no. Controla la ideología y los métodos de enseñanza, los castigos, los manuales, los exámenes y la preparación de los profesores. Controla el tamaño de los colegios, el de las aulas, el número de cursos y de alumnos por clase, de metros de patio, de gimnasio y de horas de clase, y de todo cuanto se les pueda ocurrir. Controla todo menos lo que debiera, a saber, que no haya bachilleres que no sepan escribir y que no haya profesionales incapaces en las carreras puramente civiles. Las instituciones educativas se han convertido en grandes establos, de régimen cerrado en el caso de colegios e institutos, de régimen abierto en el caso de las universidades. Su fin ya no es educar, es decir, hacer hombres de bien capaces de enjuiciar cualquier asunto, como decía Aristóteles, sino mantener fuera de las calles a los alumnos y "socializarles", es decir, adoctrinarles en el relativismo ... e igualar a todos en la ignorancia. No hablaré de las humillaciones que sufren los profesores. En breve tendrán que dar clase detrás de una urna de cristal acorazado y el orden será mantenido por la policía, como ya va a suceder en Francia. De los conocimientos sólo contaré que en 2º de Bachillerato, justo antes de entrar en la universidad, pregunté quien era anterior, Carlomagno o Alejandro Magno ¡y ninguno lo supo en toda una clase!
Dado tan clamoroso fracaso ¿facilita el estado la educación privada o la educación eclesiástica? Nada de eso. Ni hace, ni deja hacer. […], la educación pública española es un éxito sin precedentes: tras un larguísimo período de instrucción, que se extiende hasta los veinticinco años, los discentes han aprendido a manejar, con más o menos pericia, unos instrumentos de producción y, sobre todo, han aprendido que nada más puede aprenderse. Se ha logrado que los alumnos no distingan la derecha de la izquierda, no ya hasta los doce años, como dice Rousseau, sino hasta la edad de jubilación. La inmadurez e inconsciencia del adolescente se junta con la recaída en la infancia del anciano. No sólo se les ha extirpado la voluntad particular en beneficio de la voluntad general, sino que se ha completado la operación con la ablación de toda concepción del universo que les permita juzgar con independencia de la voluntad general….”
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